El deshielo ha provocado una fiebre del oro en el √Ārtico

El Oc√©ano √Ārtico, con sus 14 millones de kil√≥metros cuadrados, alberga un 25% de las reservas de petr√≥leo y gas natural del planeta

El deshielo ha provocado una fiebre del oro entre los cinco países ribereños del Ártico. Las ansias por los yacimientos de petróleo y gas que esconden sus fondos marinos han lanzado a Rusia a una carrera por reivindicar su trozo de la tarta ártica, sumergiendo su bandera a 4.300 metros de profundidad en un gesto reivindicativo, el pasado 3 de agosto. Canadá, Noruega y Dinamarca han seguido a Rusia en sus ambiciones económicas bajo el océano, que pronto deberá decidir la ONU. Estados Unidos, por su parte, se mantiene expectante ante la posibilidad de justificar ante su opinión pública una explotación más intensa de los recursos de Alaska con el fin de no quedarse atrás.

El botín en disputa es fabuloso, el mayor del nuevo siglo: enormes bolsas de gas y petróleo antes inaccesibles, yacimientos de diamantes y metales preciosos, nuevos caladeros de pesca, islas que emergen del hielo (capaces de acoger nuevos puertos o bases militares) y rentables rutas transoceánicas que reducirían a la mitad la duración de los viajes por mar entre China, Japón y Europa
.

Debido a que sólo se han estudiado fragmentos del Ártico, con rompehielos o submarinos nucleares, los países ribereños ya están organizando nuevas expediciones cartográficas para reclamar el mayor territorio posible, tras el paso dado por Rusia
.

El Océano Ártico, con sus 14 millones de kilómetros cuadrados, alberga un 25% de las reservas de petróleo y gas natural del planeta. Con una población de cuatro millones, la región es mucho más estable que el Medio Oriente (no sería lo mismo depender del petróleo canadiense que del iraní). El calentamiento global, junto con el actual precio
del petróleo, la hace aún más codiciada. Pero los países vecinos - Rusia, Canadá, EE UU, Noruega y Dinamarca-, aún no se han puesto de acuerdo en quién es el dueño de qué. Bahías, vías fluviales e islas olvidadas por mucho tiempo pasan a encabezar el orden del día internacional. Aunque la Antártida fue repartida en 1959, no existe ningún tratado internacional que determine la extensión de la propiedad de cada nación sobre el Ártico.

Las empresas no esperan a arreglos diplomáticos. Una mina rusa en Svalbard ya extrae carbón de alta calidad, más allá del círculo polar ártico. De Beers, el gigante minero, y otras 60 compañías de prospección buscan diamantes bajo lagos congelados en el norte de Canadá. En EE UU., hay presión de las multinacionales para aumentar la exploración petrolífera.

Una disputa entre Dinamarca y Canadá durante este año por Hans Island -una roca deshabitada cercana a Groenlandia - se centra en el potencial petrolífero del Estrecho
Nares. También Hay disputas irresueltas entre Estados Unidos y Canadá por el Pasaje Norte Oeste y el Mar de Beaufort. Por otro lado, el parlamento ruso aún no ha ratificado un acuerdo de 1990 con EE UU que divide el Mar de Bering.

Existe sólo un pequeño organismo internacional, el Consejo Ártico, que pueda mediar, pero su enfoque principal es el bienestar de cuatro millones de personas, sobre todo nómadas (
inuits y lapones, fundamentalmente). El único instrumento legal, la Convención sobre el Derecho Marítimo, no ha sido ratificado por EE.UU.

Volviendo
a la actualidad más inmediata, después de que batiscafos rusos colocaron hace un mes la bandera de su país como gesto reivindicativo del Polo Norte, ha partido hacia la misma zona una expedición de científicos daneses que intentarán afianzar su dominio sobre la porción del Ártico que reclama su país.

La expedición danesa busca pruebas de que la cadena montañosa de
Lomonosov, una cordillera submarina de más de 1.500 metros, está unida a Groenlandia, siendo ésta una extensión de la isla danesa en el Ártico. Con ello, Dinamarca podría, en función de la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar de 1982, reclamar como zona económica 320 kilómetros partiendo desde tierra firme en dirección al Polo, si bien Canadá y Rusia también reivindican esta cordillera.

Canadá, por su parte, prepara a toda prisa varias misiones cartográficas y construirá el año que viene dos nuevas bases militares en el Ártico en un intento de reivindicar la soberanía de parte del territorio disputado en la región, sobre todo en lo que se refiere al Pasaje del
Notores. Estados Unidos ya ha anunciado su enojo ante dicha medida en lo que considera aguas neutrales y una vía fundamental para el comercio marítimo del mañana (también es una zona de paso para desplegar sus submarinos nucleares cerca de las costas rusas).

De momento, las disputas territoriales se mantienen por los cauces científicos y económicos. El problema llegará cuando uno de los grandes yacimientos que salgan a la luz esté a caballo entre dos aguas jurisdiccionales, por lo que el deshielo podría calentar ánimos.

Fuente:  laverdad.es
 

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30 dE enero dEl 2015
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